Crónica de historia inmediata: Bolivia contra Evo


El pueblo que aclamó a su presidente como salvador de Bolivia gritaba el miércoles 28 de septiembre de 2011 desde la mañana en las calles de la capital: “Evo decía que todo cambiaría. Mentira, mentira. La misma porquería”. La indignación y la desilusión han cubierto las calles de La Paz y de otras ciudades bolivianas donde se sucedieron las protestas.

En La Paz, miles de jóvenes modernos y llenos de energía se confundían entre indígenas vestidos con el atuendo típico, profesionales, obreros y algún que otro extranjero que apoyaba el grito del pueblo para salvar el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS), un parque nacional y una zona cocalera por la que se prevé construir una carretera para conectar Bolivia y Brasil y frente a la que los indígenas se han opuesto en defensa de su territorio histórico y la ecología.

La multitud, entre los estruendos de cohetes lanzados para ahuyentar y confundir, gritaba: “Historia y coca, el Tipnis no se toca”.

En Bolivia la coca no es lo que se entiende como tal en la sociedad occidental. Se trata de una planta sagrada que ha permitido vivir a los indígenas a alturas extremas y con muy poco alimento que ingerir desde la época preincaica. Un regalo de la madre tierra, pachamama.

Los gritos se focalizaban en su presidente, Evo Morales, al que han advertido que “el pueblo está emputado”. Una demostración del coraje de una sociedad que vive en los límites de la pobreza.

Antes de las cuatro de la tarde la multitud se dispersó y sólo un pequeño grupo mantuvo su posición frente a la iglesia de San Francisco, en el centro de La Paz, mientras en todo el país se sucedían las acciones de apoyo y los cortes de carretera.

Muchos de los autobuses previstos para la tarde se cancelaron por temor a que los piquetes se mantuvieran en la carretera.

No obstante, se respiraba tranquilidad tanto en la ciudad de La Paz como en otras ciudades, donde, las protestas se han mantenido.

Boca seca

Cinco días después de esta gran manifestación, en la plaza de la ciudad de Sucre, un grupo de jóvenes acampaban para reclamar que el presidente Evo Morales elimine cualquier posibilidad de que se construya la carretera.

Entre los manifestantes, Víctor, un joven estudiante de Psicología, de pensamiento trotskista, quien aseguraba que el pueblo boliviano está nuevamente al borde de la revolución. Según Víctor, Evo es un “capitalista vestido de indio”, como lo ha demostrado con el “gasolinazo” (la subida del precio de la gasolina) y con la propia idea de construir esa carretera cuando las infraestructuras de todo el país son completamente insuficientes y ni siquiera están asfaltadas, como por ejemplo el trayecto entre Potosí y Uyuni (uno de los centros mineros más potentes del país y ciudad de gran atractivo turístico por su salar). Desde luego, tampoco lo están en localidades extremadamente alejadas como La Higuera, donde murió el Che Guevara.

Los estudiantes celebraron en la noche un concierto protesta entre cuyos participantes se encontraba Boca Seca, un cantante de hip hop salido de la Facultad de Sociología. Defiende el “Hip hop social consciente y comprometido con el que no se trata solo de hacer cultura y arte si no de cambiar la vida de mucha gente”. Entre sus canciones más aclamadas, una que comienza así: “España nos trajo la cruz y un dios que no es el nuestro”.

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