Crónica de historia inmediata: la frontera entre las dos Coreas


Con la muerte de Kim Jong-il cabría esperar la ilusión de la unión de las dos Coreas, separadas por una frontera considerada la más caliente del planeta, pero que, curiosamente, acoge visitas turísticas desde Corea del Sur.

Incluso mientras Corea del Norte amenazaba con su programa nuclear en el año 2009 y ponía en tensión a medio mundo, cientos de turistas visitaban diariamente el punto más cercano a Seúl de la Zona Desmilitarizada, conocida por sus siglas en inglés, DMZ.

Esta tierra de nadie, que ocupa cuatro kilómetros a lo ancho de la península en la que se sitúan ambos países, dista mucho de ser el centro del palpitar de la guerra fría. Ahora, gracias a las excursiones guiadas, los miradores preparados para turistas y los grandes muñecos que imitan a los militares de ambos lados, este punto caliente ofrece un aspecto que se asemeja bastante, en algunas ocasiones, a un parque temático, con merchandising incluido.

En seis horas se puede hacer una visita guiada en autobús con cualquiera de las compañías que ofertan tours en la misma oficina de turismo de la capital de la República de Corea. Por unos 35 euros (46.000 wons), el turista puede conocer el Puente de la Libertad –la única carretera que une el Norte y el Sur-, el tercer túnel de infilitración –cercano a la ciudad de Panmmunjom donde fue firmado el armisticio en 1978 entre ambos países-, la ciudad de la unificación –JSA, Área de Seguridad de la Unificación, en sus siglas en inglés- y el observatorio Dora desde el que ver con prismáticos la ciudad del Norte más cercana al Sur, Kinjong-dong, llamada “ciudad de la propaganda” por los soldados estadounidenses.

En los días claros se puede observar esta ciudad muerta a través de los binoculares del mirador Dora, que fue construido en 1986. En ocasiones se puede incluso distinguir a la gente que camina sin rumbo por las calles de la “ciudad de la propaganda”.  Estos habitantes son ficticios, ya que sólo pasean por sus calles por orden del gobierno norcoreano para dar “vida” a esta ciudad fantasma de mastodónticos bloques de edificios.

Cuando el día está nublado sólo es posible distinguir la bandera de Corea del Norte encaramada a un altísimo mástil de 160 metros de altura, como símbolo, una vez más de su grandeza y de su superioridad sobre el Sur, con el que rivalizó durante años por tener la bandera más visible desde el otro lado.

En las tiendas situadas en estas áreas visitables de la DMZ, camisetas, tazas, bolsos, pequeños muñecos, mapas y hasta paquetes de arroz cultivado en la zona cercana a la frontera, forman parte del merchandising de este especial atractivo turístico.

En la DMZ, la marcialidad de los jóvenes coreanos que desempeñan su servicio militar obligatorio (de dos años de duración en la Corea del Sur frente a los diez que deben pasar sus vecinos del Norte) contrasta con el aire festivo de la excursión. Los imberbes chavales piden los pasaportes a los extranjeros y los documentos de identidad de los nacionales. Actualmente, Corea del Sur cuenta con unos 700.000 militares (su población supera los 49 millones de personas).

Aunque son muchos los habitantes surcoreanos procedentes del Norte o enraizados con el otro lado de la frontera, la mayoría nunca ha visitado la Corea comunista y miran escépticos hacia la única dirección en la que no se pueden tomar fotos durante el recorrido turístico.

Tampoco se pueden tomar instantáneas ni vídeos en el túnel denominado como “Tercer Túnel de Infiltración” y que forma parte de las cuatro vías horadadas por los norcoreanos en los años cincuenta y que han sido detectadas por el gobierno surcoreano (el último en 1990).

Se trata de un espectacular túnel horadado a 73 metros bajo la superficie y que atraviesa la frontera en dirección Seúl. Las filtraciones de agua parece que fueron el motivo por el que los norcoreanos cejaron en su idea de alcanzar la capital de Corea del Sur.

En la superficie se extiende un área de costa a costa de esta península asiática en la que se conservan numerosas especies y ejemplares de fauna, gracias a que ha sido una zona sin actividad humana desde que se estableció la Zona Desmilitarizada en 1953, al término de la guerra entre las dos Coreas.

En un vídeo el gobierno surcoreano expone a los visitantes la probable riqueza de esa zona natural, que según una melancólica voz en off acompañada de emotivas imágenes de niños y flores “será disfrutada por nuestros nietos”.

Es el optimismo de la reunificación, frente al que la propia guía de este tour muestra su escepticismo, ya que para ejemplo, un botón: “no nos gustaría tener que sufrir lo mismo económicamente que Alemania para conseguir la unión”.

La reunificación ha estado cerca, de hecho, las excursiones turísticas terminan en la gran estación de tren de Dorasan, que se construyó siguiendo los acuerdos del año 2000 entre ambas naciones para reparar una línea de ferrocarril –cerrada más de 50 años atrás- para comunicar todo el territorio coreano con Rusia y China.

La magnífica obra arquitectónica de la terminal está tan vacía como los edificios vecinos del Norte. Sólo dos militares custodian la entrada por la que aún no ha pasado ningún viajero, a la espera de que ese momento ocurra, pues, según admite la guía de este relajado tour por una de las más tensas fronteras del mundo, en “el fondo de nuestro corazón” queremos la reunificación.

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